¿PURIFICADORES DE AIRE PERSONALES?

¿PURIFICADORES DE AIRE PERSONALES?

La calidad del aire que respiramos es algo de lo que, con frecuencia, sólo nos preocupamos cuando se producen incidentes o episodios de alta, «apreciable», contaminación. Pese a ello, un aire que en principio nos pueda parecer limpio, o al menos, por así decirlo «neutro», probablemente estará cargado de todo tipo de partículas, perjudiciales, generalmente a largo plazo, pero también de un modo más rápido como ocurre por ejemplo con los virus y las bacterias que propagan enfermedades de incubación breve. En este contexto, a mediados del siglo XX surgieron los primeros purificadores de aire, que generalmente se destinaban a las zonas donde el peligro de la contaminación era más patente: los interiores de edificios. Diversas tecnologías se fueron sumando a este esfuerzo; los purificadores basados en sistemas de filtrado, los desionizadores y, finalmente, los basados en la tecnología UV, que, ya que hemos tocado el tema de los microorganismos, son los más eficaces contra los gérmenes, razón por la cual están presentes en muchos hospitales.

Pero, aunque una persona preocupada por el tema pueda disponer de sistemas de purificación del aire en su trabajo, e incluso en su casa: ¿qué pasa durante las horas en las que no se está ni en un sitio ni en otro? ¿O si, por ejemplo, en el lugar de trabajo, no se ha instalado un sistema para el edificio?

Como repuesta a estas inquietudes, se han popularizado los llamados purificadores de aire personales. Basados en las diversas tecnologías existentes, básicamente están disponibles en dos formatos, que podríamos comparar con los de los ordenadores: El de sobremesa, más grande pero aún así de un tamaño manejable, es idóneo para despachos y oficinas. Pese a que no tiene la potencia de un purificador convencional, sí es capaz de, instalados sobre el escritorio del trabajador, dirigir un chorro de aire purificado hacia él y “aliviar” un poco el área que le rodea. Los portátiles tienen un tamaño que facilita la posibilidad de llevarlos a todas partes: en el equipaje, en el maletín, en el bolso. Suelen funcionar con baterías y son útiles en circunstancias muy específicas, como, por ejemplo, para purificar el aire del interior del coche en el que se viaja para lo cual, debido a lo limitado del habitáculo de los vehículos, la mayoría tienen una potencia suficiente. ¿Eficaces? Realmente no mucho, pero el efecto placebo está ahí.